Dios te necesita
Cada día te vuelve a recordar que tiene necesidad de tu
tiempo, de tus cualidades, de tu persona.
Dios te necesita, porque ha querido
necesitarte, y, porque te necesita, te lo está pidiendo
desde el día que te llamó por tu nombre.
Cada día te vuelve a recordar
que tiene necesidad de tu tiempo, de tus cualidades, de tu persona.
Sin falsa soberbia, con humildad verdadera, entiende que, si Dios
te necesita, lo mínimo que debes hacer es ponerte a su
entera disposición; le debes tanto, le has costado tanto,
que tu gloria consiste en corresponderle un poco; y debes sentirte
tan humildemente grande, tan profundamente feliz de poder ayudar
a un Dios Todopoderoso y en una tarea eterna.
Es como si Dios te pidiera ayuda
para mover una estrella, para componer una galaxia; más
que eso, es para salvar un alma inmortal que vale más que
todas las estrellas y galaxias juntas.
Tú le ayudas a Dios; y,
si no le ayudas, Él no puede, no puede solo. Dile con profunda
convicción: “Aquí están mis manos,
aquí están mis pies, aquí está mi
lengua, déjame ayudarte, Creador de mundos; enseguida vengo
a echarte una mano, Redentor de las almas”.
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