Lectura del Evangelio según
San Lucas 3,1-6
Era el año décimoquinto
del reinado de César Tiberio. Poncio Pilato era gobernador de
Judea, Herodes estaba a cargo de la provincia de Galilea, su hermano
Filipo a cargo de la Iturea y de la Traconítide, y Lisanias a
cargo de Abilene. Los jefes de los sacerdotes eran Anás y Caifás.
Ese fue el momento en que Dios dirigió su palabra a Juan, hijo
de Zacarías, que estaba en el desierto. Juan empezó a
predicar su bautismo por toda la región del río Jordán,
diciéndoles que cambiaran su manera de vivir para que se les
perdonaran sus pecados. Así se cumplía lo que está
escrito en el libro del profeta Isaías: “Una voz grita
en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus caminos.
Rellénense todas las quebradas y aplánense todos los cerros.
Los caminos con curvan serán enderezados. Y los ásperos
suavizados. Entonces llegará la salvación de Dios y todo
mortal la contemplará”.
Comentario breve:
Lucas resalta el hecho de que Juan continúa el papel del profeta
Jeremías: consagrado antes de su nacimiento (Jr 1,5; Lc 1,13).
Considerado el último de los grandes profetas, Juan viene a “preparar
el camino del Señor” predicando una conversión que
implica un cambio de vida centrado en la fraternidad y la justicia.
Lucas ha construído esta escena para presentar al Bautista como
aquel que Dios llamó para orientar y disponer a Israel a recibir
la salvación de Dios. Una salvación que tiene como condición
fundamental el arrepentimiento y la vuelta al Señor.
Su voz se escucha desde el desierto, lugar de las grandes experiencias
de Israel, como una invitación a “ver”, es decir,
a tener una sincera y real experiencia de Dios y a dejarse transformar
por ella quitando todos los obstáculos que se oponen al obrar
del Señor en nuestra vida.
La lectura presenta tres ideas importantes:
• En este texto la Palabra de Dios vino a Juan, pero Dios viene
también a nosotros como una constante propuesta que hay que acoger
activamente.
• La auténtica conversión cristiana se proyecta
desde la vida hacia la sociedad y el mundo.
• Otra vez somos invitados a gritar desde el desierto las grandes
propuestas de Dios para la humanidad en el tiempo presente.
Para la reflexión:
¿Cuáles son los cerros que hay que quitar en tu vida?¿Cómo
ves a Dios actuando y hablando en la historia que nos toca hacer y vivir?
¿Cuál es la salvación que el Señor ofrece
al hombre y la mujer de hoy?¿Cuáles son hoy los males,
infidelidades, esclavitudes, injusticias, mentiras y desesperanzas que
somos invitados a superar?